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El Arte de permanecer en calma

Según la tradición Tibetana…

Todas las disciplinas yóguicas y espirituales incluyen alguna forma de práctica que desarrolla la concentración y la serenidad de la mente. En la tradición tibetana, esta práctica es llamada permanecer en calma (zhiné). Se reconocen tres niveles en el desarrollo de la estabilidad de la mente: zhiné con esfuerzo, zhiné natural y zhiné absoluto.

ZHINÉ CON ESFUERZO

El primer nivel de la práctica se denomina “con esfuerzo” porque lo requiere. La mente se distrae fácil y rápidamente, y puede parecer imposible permanecer centrado en un objeto siquiera por un minuto. Al principio ayuda practicar durante varias sesiones cortas que alternen con descansos. No permitas que la mente vague durante el descanso: puedes recitar un mantra, trabajar con una visualización o con alguna otra práctica que conozcas, por ejemplo, el desarrollo de la compasión. Después del descanso, regresa a la práctica de fijación. Si estás listo para la práctica, pero no tienes el objeto particular que has estado utilizando, puedes visualizar una esfera de luz en el entrecejo y centrar la atención ahí. La práctica debe hacerse una o dos veces al día o más frecuentemente, si tienes tiempo. Desarrollar la concentración es como fortalecer los músculos del cuerpo: el ejercicio debe hacerse de manera regular y frecuente. Trata de ir más allá de tus propios límites para fortalecerte.

Mantén la mente sobre el objeto, no sigas los pensamientos del pasado o del futuro, ni permitas que la atención sea arrastrada por la fantasía, los sonidos, alguna sensación física o cualquier tipo de distracción. Sólo permanece en la sensualidad del momento presente y concentra tu mente en el objeto a través de los ojos con toda la fuerza y claridad de que seas capaz. No pierdas la conciencia del objeto ni por un segundo. Respira cada vez más suavemente hasta que pierdas la sensación de estar respirando. Poco a poco, permítete entrar más profundamente en la quietud y la calma. Asegúrate de que el cuerpo se mantenga relajado, sin tensarlo cuando te concentres, pero sin que caiga en el estupor, el embotamiento o el trance.

No hay que pensar en el objeto, sino dejarlo estar en la conciencia. Esta es una distinción importante. Pensar en el objeto no es el tipo de concentración que estamos desarrollando: la idea es mantener la mente sobre el objeto, en la percepción sensorial del mismo, para permanecer consciente de su presencia, sin distracción alguna. Cuando la mente se distrae, cosa que sucederá frecuentemente al principio, hay que regresarla gentilmente al objeto y dejarla allí.

 ZHINÉ NATURAL

Cuando se ha desarrollado la estabilidad, uno entra en el segundo nivel de la práctica, que es zhiné natural. En el primer nivel se desarrolla la concentración, dirigiendo la atención hacia el objeto y ejerciendo un control sobre la mente desordenada. En el segundo nivel, la mente es absorbida en la contemplación del objeto y ya no hay necesidad de realizar un esfuerzo para mantenerla quieta. Se establece una tranquilidad placentera y relajante en la cual la mente está quieta y los pensamientos surgen sin distraerla del objeto. Los elementos del cuerpo se armonizan y el prana se mueve uniforme y gentilmente a través del cuerpo. Éste es un momento apropiado para cambiar a la concentración sin un objeto.

Abandona ahora el objeto físico y conserva sólo la atención en el espacio. Puede ayudarte contemplar un horizonte amplio como el cielo, pero la práctica también puedes hacerla en un cuarto pequeño, centrándote en el espacio entre tu cuerpo y la pared. Procura mantenerte quieto y en calma, con el cuerpo relajado. En lugar de enfocar un punto imaginario en el espacio, permite que la mente se expanda, manteniendo a la vez una fuerte presencia. A esto lo denominamos “disolver la mente en el espacio” o “mezclar la mente con el espacio”, y conduce a una serenidad estable y al tercer nivel de la práctica de zhiné.

ZHINÉ ABSOLUTO

Mientras que en el segundo nivel hay todavía cierta pesadez debida a la absorción en el objeto, el tercer nivel se caracteriza por una mente tranquila, ligera, relajada y flexible. Los pensamientos surgen y se disuelven espontáneamente sin ningún esfuerzo. La mente se integra plenamente con su propio movimiento.

En la tradición Dzogchen éste es el momento en el que el maestro introduce al estudiante en el estado natural de la mente. En virtud de que el estudiante ha desarrollado zhiné, el maestro puede señalar aquello que el estudiante ya ha vivenciado, en lugar de describir un nuevo nivel por alcanzar. La explicación, conocida como instrucción “indicativa”, se da para llevar al estudiante a reconocer aquello que ya está allí, para que pueda discernir entre la naturaleza de la mente, que es conciencia pura, no dual, y la mente cambiante del pensamiento y el concepto. Este es el último nivel de la práctica de zhiné: permanecer en la presencia no dual, en el propio rigpa.

Fuente: Libro. El yoga de los sueños

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