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Cuando no sepas qué hacer: ¡Ora!

Necesitamos el amor más que el aire que respiramos. Sin eso, nuestras vidas ya no tienen sentido. Hemos perdido el contacto con nuestro propósito. Pero a veces el amor parece imposible. Ahí es donde entra la fe.

Las personas más fuertes e inspiradoras de la historia, una y otra vez, se muestran a sí mismos como personas que eligieron amar, independientemente de sus circunstancias. ¿Qué les da a algunas personas la capacidad de amar donde otras fallan? Fe.

Orar calienta el corazón.

Orar nos hace más grandes, nos fortalece, renueva nuestras esperanzas, nos hace florecer.

Rezar el alma nos calma, reduce (o silencia) el ruido interno.

Cuando oras te permites pensar con claridad, ordenar tus ideas, respirar y sentir el milagro de la conexión – mente, cuerpo, espíritu – dentro de ti.

En ese momento, esta conexión con lo superior, con el universo, te permite poder percibir toda la grandeza que es tu cuerpo y todo el sistema que lo constituye.

Sientes y percibes que tus órganos funcionan a la perfección, sin preocuparte de si realizarán o no sus respectivas tareas, ya que simplemente actúan y tú confías, y ni siquiera piensas en ello.

Cuando rezas, te organizas internamente, reequilibras tus sentidos y sentimientos y, en consecuencia, te sintonizas más contigo mismo.

Al orar te permites y aceptas que todos los pensamientos que surjan fluyan libremente en tu mente, sin censura ni crítica alguna.

Orando, tú también eres capaz de encontrar lo que es verdaderamente verdadero en tu ser, ya que eres capaz de diferenciar lo que es tuyo y lo que es del otro, como tus valores, hábitos y creencias.

Para este encuentro, de ti con tu yo superior (Dios, Alá, Mahoma, Gran Espíritu, Ángel de la guarda, Guía, Gran Misterio o como quieras llamarlo), no hay necesidad de largos e interminables monólogos, oraciones decoradas y repetidas sin sentido, o de palabras elaboradas, con solo dejar que tu corazón exponga lo que sientes (necesidades, emociones, dolores, deseos y expectativas) es más que suficiente.

Independientemente del contenido de tu malestar, tu corazón sabrá el tamaño exacto y el contenido de la caricia que tu alma necesita, en ese momento en particular, y se encargará de todo.

Confía en tu corazón, sabe exactamente lo que necesitas, aunque no estés seguro de ti mismo – todas las respuestas ya están dentro de ti, es cuestión de organizar, permitir y confiar.

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