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Reconocerte en los demás

Elige cinco personas que conozcan a alguien en común y luego pregúntales por esa persona en común. Tendremos cinco respuestas diferentes. Uno la ve como divertida y generosa, mientras que el otro le verá como irresponsable y/o inmaduro, etc. ¿Quién tiene razón?

La Percepción de nosotros del mundo

Una de las formas de autoconocimiento es la conciencia de que nuestra percepción de los demás no tiene nada que ver con ellos, sino que tiene que ver más con nosotros. Nuestra percepción de otras personas se basa en nuestra propia relación con nosotros mismos y con nuestros rasgos de personalidad. El ego, temiendo llamar demasiado la atención, tiende a buscar algo o alguien externo a quien «culpar» cuando, en realidad, solo está viendo su propio reflejo en otras personas.

Reconocemos en otros lo que conocemos en nosotros mismos:

Suponiendo que una persona nunca ha estado celosa, ¿cómo identificaría ese sentimiento en otras personas? Solo reconocemos en alguien lo que estamos sintiendo o ya sentimos. Al darnos cuenta de que nuestras opiniones y juicios sobre alguien son reflejos de nuestro propio ego y, por lo tanto, actitudes inútiles, nos volvemos capaces de usar cualquier reacción que tengamos hacia los demás como ventanas a nosotros mismos y, especialmente, a una parte de nosotros que necesita atención.

Lo que no nos gusta de otras personas es, en su mayor parte, solo eso: una parte de ti mismo que necesita cuidados. Si ya hubiéramos «resuelto» un tema en particular, nuestro reflejo en otros no sería tan ofensivo. Sin embargo, cada reacción a otras personas puede ayudarnos a construir una relación auténtica con nosotros mismos. Si prestamos atención a quién o qué nos causa fuertes reacciones emocionales, podremos aprender algo de nosotros mismos.

Las reacciones negativas indican una de dos cosas:

#1

O que estamos atascados con una idea sobre cómo deberían ser las cosas o las personas; que estamos tratando de obligar a alguien a comportarse de una determinada manera, a pesar de que saben que nadie está obligado a hacerlo. Entonces, mientras reforzamos nuestras expectativas en lugar de aceptar las cosas como realmente son, creamos una resistencia al momento presente, al ahora.

#2

O que hay una parte de nosotros que no es de la manera que nos gustaría, por lo que lo vemos a través de otros como una advertencia de que algo necesita atención. Según Jung, «cuando un problema interno no llega a la conciencia, se manifiesta externamente como un destino».

Podemos creer que somos víctimas de las circunstancias, o que la vida es simplemente algo aleatorio de lo que somos parte, pero olvidamos que nuestro propio subconsciente está tratando de comunicarse a través de estas circunstancias externas y personas que conocemos. Cuando comenzamos a reconocernos en estos detalles, (re)descubrimos partes de nuestro «lado oscuro«, lo que el ego intenta ocultar a los demás y, a menudo, incluso a nosotros mismos. El proceso de identificar y comprender las razones del «lado oscuro» es lo que nos ayuda a abordar estos problemas internos.

Ser completamente honesto contigo mismo es fundamental para realmente cuidar esa parte de nosotros que estamos condicionados a esconder. 

Cuando te sientas enojado, asume y permítase sentir; cuando tengas miedo, reconócelo y sé consciente de ello. Esto no quiere decir que debamos juzgarnos buenos o malos por sentir tales cosas, solo que ya estamos lúcidos y por tanto, podemos cuidar esa parte de nosotros (lo que necesita atención) con amor incondicional.

Aunque parece agotador verse siempre a sí mismo como un «problema» y señalar con el dedo a sí mismo (especialmente cuando la necesidad de culpar a los demás es mucho mayor), esta es una de las acciones más liberadoras que podemos tomar. 

Cuando nos vemos como un “problema”, también nos convertimos en la solución.

Si nuestra propia percepción y relación con nosotros mismos es lo que nos hace ver defectos en los demás, entonces tenemos todo el poder de transformar la situación si nos ocupamos de aquellas partes de nosotros que están identificando y reflejando esos defectos en el «otro».

Cuando comenzamos a reconocernos en todos los que conocemos, aprendemos a establecer una relación honesta y auténtica con nosotros mismos. A través de la honestidad cultivamos nuestra propia lucidez y terminamos volviéndonos más tranquilos, confiados y capaces de aceptar todas las partes que nos componen. A medida que alimentamos esta relación con amor y comprensión, no solo comenzamos a ver estos mismos sentimientos en otras personas, sino que también nos damos cuenta de que ciertas cosas o personas, que previamente suscitaron reacciones negativas, llegan a ser vistas con empatía y compasión. Literalmente transformamos y sanamos nuestra relación con los demás cuidando la relación que tenemos con nosotros mismos; la separación entre el Yo y el «otro», en resumen, es solo una ilusión.

«Nos encontramos en innumerables disfraces muchas, muchas veces a lo largo de nuestras vidas». 

Carl Jung

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